Si a menudo se siente desganado durante el transcurso del día, quizás quiera evaluar detenidamente los desayunos y almuerzos que consume. Si los mismos son abundantes y contienen una gran cantidad de grasas, tal vez quiera reconsiderar su menú.

La razón es bastante simple. Al cuerpo le lleva más tiempo digerir la grasa dietaria que otros componentes alimenticios. Del mismo modo, cuanto más abundante sea una comida, mayor es la cantidad de energía necesaria para su digestión, y si el cuerpo gasta una gran cantidad de energía en la digestión de la comida, queda menos energía disponible para las actividades que necesita llevar a cabo, como pensar, trabajar, ejercitar, entre otras.

Una estrategia altamente recomendada es: Comidas pequeñas y frecuentes que contengan fuentes de proteínas reducidas en grasas con carbohidratos complejos. Al ingerir comidas pequeñas cada 2 o 3 horas (en lugar de las arraigadas “tres comidas abundantes”), mantendrá su energía en un nivel estable.